La Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO) se convirtió en la primera en México en la que no se oyó una sola voz masculina dirigiéndose al público, pues ellas fueron las que hablaron. Ellos, los que escucharon. Así, la feria se convirtió en un ejemplo de que, más allá de egos y machismos, lo importante es promover las ideas, la cultura, la creación, la literatura. 

La idea es que las protagonistas compartan con los asistentes su visión de la escritura y del momento en que vivimos sin encasillamientos ni ostracismos, en un intento por develar un sistema cuya violencia afecta históricamente a este sector de la población, pero también a los propios varones mediante las reglas del patriarcado. Con fuerza y, a la vez, una dosis de ternura, se habló sobre las mujeres que han sido modelos de referencia en la vida, reconociendo que, si bien hoy en día se tiene más preguntas que respuestas, “pensar que el futuro puede ayudar a construir una comunidad en donde tenga cabida la libertad y se visibilice el trabajo de quienes luchan por los derechos cada día”.

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