Situada a 15 kilómetros en línea recta al suroeste del zócalo de Cuernavaca y a 40 kilómetros en automóvil, el “lugar de la casa de las flores”, según su etimología náhuatl, fue una ciudad-fortaleza del periodo epiclásico edificada en la cumbre de un cerro. Destaca por su perfil militar, su ecléctico origen cultural y su notable estado de conservación.

Tras el derrumbe de los grandes estados del periodo clásico como Monte Albán y Teotihuacán, Xochicalco se convirtió en uno de los grandes centros de poder del Altiplano, entre los años 650 y 850. Al parecer, tuvo un fuerte parentesco cultural con otras regiones de Mesoamérica, incluida el área maya. Dotada de murallas, fosos, palizadas, ciudadelas y terrazas artificiales, esta urbe fue construida en desniveles. En su nivel intermedio se encuentran estructuras residenciales y un gran juego de pelota, además de un temazcal y varios patios. En la parte más alta está la plaza principal y varias estructuras monumentales, entre ellas, algunas plataformas piramidales para recintos ceremoniales.

Sus elementos icónicos son : La Pirámide de las Serpientes Emplumadas, la cual ostenta en sus cuatro fachadas exquisitos relieves de estos animales mitológicos y de varios personajes que parecen ser guerreros, astrónomos o sacerdotes. Asimismo, la cueva convertida en un observatorio gracias a un tiro hexagonal en su parte alta que proyecta sobre el suelo el cielo del medio día.

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