Antes de proceder a la inseminación se realizan una serie de análisis y pruebas para determinar si hay posibilidad de llevarla a cabo. En primer lugar, se hace una prueba para detectar enfermedades tales como la hepatitis C, el sida, la rubeola, la sífilis o la toxoplasmosis. Esto se hace para evitar contagios tanto en la pareja como en el futuro bebé. También es necesario comprobar la permeabilidad tubárica de la mujer para conocer si sus trompas de Falopio son funcionales. En cuanto al hombre, hay que realizar un análisis para determinar su REM o Recuento de Espermatozoides Móviles, cuya cifra tiene que superar los 3 millones. La edad es otro factor que se ha de tener en cuenta, ya que las mujeres mayores de 36 años tienen menos posibilidades de fecundar que aquellas más jóvenes.

Proceso

Para saber el momento óptimo para realizar la inseminación, se estudia el ciclo ovárico de la mujer. Se puede realizar de manera adicional una estimulación ovárica a través de hormonas para facilitar el proceso, aunque se debe hacer con precaución pues de lo contrario pueden producirse gestaciones múltiples. Cuando llegue el momento, se introduce el semen en el cérvix de la mujer a través de una cánula. Se trata de un proceso indoloro y que únicamente requiere de un reposo posterior de 30 a 60 minutos.

Resultados

Las probabilidades de éxito varían dependiendo del número de ciclos al que se somete la mujer pero también a la procedencia del semen. En un único ciclo, la tasa de embarazo para mujeres menores de 35 años se sitúa entre el 13 y el 25 por ciento si el semen proviene de la pareja; en el caso de un donante esta cifra sube entre un 18 y un 29 por ciento de éxito. Al aumentar el número de ciclos, estas probabilidades aumentan significativamente: tras 4 ciclos de inseminación, la tasa de embarazo para la inseminación procedente del semen de la pareja se sitúa entre un 50 y un 60 por ciento, mientras que para la inseminación procedente de un donante se sitúa entre un 60 y 70 por ciento.

Problemas

Pueden surgir algunos problemas una vez que la mujer ha pasado por el proceso de inseminación. Debido a la estimulación ovárica, se puede dar un síndrome de hiperestimulación ovárica. Aunque esto no es frecuente, debido a la continua vigilancia que se da durante los ciclos ováricos, en el caso de aparecer ha de detenerse de forma inmediata.

Por esta estimulación también puede haber más posibilidades de que se produzca un embarazo múltiple, un riesgo que las clínicas tratan de minimizar debido a que conlleva más riesgos que un embarazo normal. También hay más posibilidades de que se dé un embarazo ectópico. La probabilidad de un embarazo ectópico, aun así, es solo de un 4 por ciento en casos de inseminación artificial.

La probabilidad de aborto durante las primeras semanas de embarazo también es más alta frente a los métodos tradicionales, dándose en un 20 por ciento de los casos.

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